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LA CREACIÓN DE LA NOTICIA

Los estudios de emisores, entre los que predomina la mirada del newsmaking, se ubican en la antítesis de la creencia en la objetividad periodística y se han entusiasmado en comprender cómo se crea la novedad. Parten de la conjetura general de que los productos informativos son una creación organizacional que aparece de un ámbito y sus fluidas, y no de una fácil selección inocente del medio. En otras expresiones, la producción de las novedades es vista como un desarrollo complejo, porque hay distintos componentes que intervienen en ella y porque los periodistas se mueven en un entramado de tensiones/negociaciones alrededor de ese producto mediático.

Miquel Rodrigo Alsina apunta tres instantes en la creación de la noticia: la producción, la circulación y el consumo.

La etapa de la producción es, según el creador, la “fase oculta de la creación de la noticia”. De esta manera, recalca la consideración de las prácticas periodísticas en la tarea del periodista, como base del enfoque de Newsmaking.

En este artículo se parte de tener en cuenta que el Newsmaking aportó una observación contextual y microsocial a los estudios de comunicación. Al llevar a cabo referencia a lo “contextual”, se alude especialmente a las condiciones reales y diarias de producción de la novedad en los distintos escenarios de la cadena productiva. En ese ámbito, se cree que las prácticas productivas tienen un espacio predominante. Como apuntan Arrueta y Brunet:

“las prácticas manifiestan el resultado de las incidencias de esos componentes circundantes, en tensión con una cultura institucional, y operacionalizan las fases de creación en un medio masivo”

.

Partiendo de la idea de que los medios no trabajan como un espejo que refleja sencillamente lo que tiene frente sí, se sabe aquí la novedad como una creación, y los medios, como actores que deciden, que siguen una política, que luchan con la carencia de tiempo y con la limitación de elementos. De esta forma, al opuesto de la imagen del espejo, la concepción que subyace es que “las reglas, los temas y los hechos son objeto de patrones de selección e interpretación que se definen en negociaciones y discusiones y, por esto, tienen la posibilidad de modificarse en todo el tiempo”.4 En ese ámbito confluyen las maneras de ejercicio de poder, las relaciones entre personas, las posiciones, los egos, las tácticas de vinculación con otros poderes y, principalmente, las subjetividades de los trabajadores de la prensa y la civilización periodística.

En este artículo se lleva a cabo una revisión conceptual de las teorías del emisor y especialmente del newsmaking. Antes que nada, se enseña la distancia con las teorías anteriores y las aportaciones y parámetros de esta mirada. Después, se ejecuta una revisión bibliohemerográfica que, sin esperar ser intensa, recupera las contribuciones particulares de trabajos de autores argentinos que analizaron las prácticas productivas en las redacciones de un períodico o diario. Finalmente, se busca contribuir, desde el newsmaking, a la controversia sobre el examen de las prácticas productivas, complementándola con otras miradas teóricas, en un ámbito de confluencia mediática, de multiplicación de fuentes de información y de importancia de la audiencia.

Del gatekeeping al newsmaking

La primera sistematización de las intranquilidades acerca de cómo los medios edifican la imagen de todo el mundo fue de Bernard Roshco, investigador de la Facultad de Chicago. En su trabajo repara en los “sesgos” informativos y de negociación en las instancias de la producción noticiosa. En 1979, Golding y Elliott plantearon, en el libro Making the News, cuestiones medulares para los estudios del emisor: ¿Qué imagen edifican los servicios de noticias de radio y tv?, cómo se vincula a esa creación la civilización periodística?, qué papel desempeña la organización del trabajo en las redacciones y su conexión con las prácticas productivas?

Pero los estudios del emisor tienen huellas anteriores, entre las que se distinguen dos enormes etapas de exploración referentes a los procesos de producción de la noticia: aquélla que puso el foco en el gatekeeper y la que abordó el newsmaking. El criterio de gatekeeper (‘portero’, en su traducción al español) empezó a formarse en el campo de la comunicación en la década de 1950, cuando David White9 retomó esa noción que había usado, por primera oportunidad, Kurt Lewin10 en el campo de la psicología. De ese modo, White ha propuesto reflexionar cómo la localidad de las puertas o filtros permitían la publicación o no de un hecho noticiable. No obstante, como apunta Arrueta, “esta etapa de los estudios de gatekeeper tiene la característica de ser conformada por aportes de corte anecdótico, estructurados desde la vivencia individual y el estudio de casos”, por lo cual la rutinización se asocia más con la selección que hacen los periodistas que con sesgos organizacionales; o sea, los procesos de trabajo y las prácticas productivas se relacionan con la selección individual, con la imaginación del editor en un ámbito de tensión o con las economías de tiempo.

Entre los autores que superaron esta limitación sobre los estudios de gatekeeper, hemos resaltado a Walter Gieber, quien incorporó en sus indagaciones otros causantes diferentes a las causas particulares, como las lógicas que atraviesan a los instrumentos sociales para informar y comunicar. Para Gieber, el primordial esencial de la novedad era la posición que el medio poseía frente un hecho y, en todo caso, el periodista desempeñaba una utilidad más moderada en la creación de la novedad. Las críticas que sufrió ese tipo de orientación sobre los estudios del gatekeeper se apoyaron en la iniciativa de que “el periodista se encontraba siempre subyugado a prácticas que actuaban como cauces o guías de comportamiento” y en la preocupación por aquellas visualizaciones en las redacciones que daban cuenta de “procesos de alienación en el plantel de los medios masivos”.

A este instante se le conoció como la etapa de las prácticas burocráticas. En una revisión de estos trabajos, Hernández Ramírez apunta que el propósito de estos estudios radica en intentar comprender “cómo los esfuerzos de los periodistas en el trabajo se ven restringidos por prácticas organizacionales y ocupacionales”, por lo cual el problema central es la soberanía de los editores y “su poder de elección en la composición laboral”.

Los estudios de Newsmaking, como planteamientos superadores del gatekeeping, se remontan a los 70s, en USA. El exámen por el momento no se enfoca en comprender la novedad como producto de un mecanismo fácil de “puertas” que se abren y se cierran, donde influyen los valores particulares de los editores o las percepciones de los medios, sino que, de la misma forma que sostiene Martini, la novedad es vista como producto de un desarrollo más complejo, dado que los causantes que dan forma al producto son múltiples:

[…] ya no tiene que ver con seguir e detectar los sitios donde trabajan como “cuellos de botella” en donde alguna información queda atascada y por consiguiente desechada de las agendas temáticas de un medio, sino de distinguir en el grupo de la labor productiva los valores que hacen noticiable un hecho y el concepto que tales valores consiguen (y el modo como se muestran rutinizados y naturalizados) en una salón de redacción, en interrelación con las expectativas y las series interpretativas de la sociedad y los estados de la opinión pública.

Otra distingue importante es que prevalece un enfoque sistemático, por lo cual las indagaciones se fundamentan primordialmente en una metodología de corte cualitativo que, paralelamente, parte de técnicas etnográficas, de observación participante en los propios medios y de entrevistas en hondura. Esto supone que empieza el examen de los valores expertos, de la división del trabajo estudiada a aspecto, y de los patrones que se establecen en una redacción, por lo cual se aprecia como un desarrollo de producción probablemente abierto, que, aunque condiciona estructuralmente, paralelamente es condicionado por otros causantes tanto organizativos como externos; entre otras cosas, los anunciantes o la relación con el gobierno en turno. De la misma forma que sugiere Arrueta,17 los estudios de Newsmaking dan cuenta de esa necesidad académica por sobrepasar las premisas del mecanicismo y la distorsión que plantearon las posiciones precedentes.

COMUNICACIÓN PÚBLICA E INTERESES PRIVADOS
En esta costumbre periodística, confluyen además otros actores, como los hombres de negocios de los instrumentos sociales para informar y comunicar, las fuentes informativas y los públicos a quienes va apuntada la novedad, estos influyen en la creación de un alegato y en las reglas editoriales a las cuales se ajusta la creación de la novedad. Por esto, la comunicación pública es más complicada que la tarea del periodista, en su labor de aceptar comprender de forma indirecta fenómenos que suceden en el planeta.

“Se intercalan elementos de orden popular, político, barato y cultural, que van entremezclados, y son muy difíciles de dividir.

De ahí la dificultad que hay que intentar comprender y argumentar de forma conjunta, ya que se ven reflejadas en los instrumentos sociales para informar y comunicar, porque son actores que tienen una línea editorial a favor o en oposición a algunas posiciones reglas y expresiones, porque los instrumentos sociales para informar y comunicar tienden a ser compañías privadas que tienen intereses baratos y políticos, porque a la par, además forman parte en la actividad política, dando voz a los políticos, tomando posición a favor o en oposición a algunas posiciones políticas”, resaltó.

NUEVOS MEDIOS, NOVEDOSAS PRÁCTICAS

No obstante, a contracorriente de estas prácticas en el ejercicio periodístico, emergen proyectos mediáticos emergentes que se distinguen de los medios habituales, estableciendo modelos no comúnes de producción, de esta forma, los periodistas rompen los permisos que cumplen dentro de los instrumentos sociales para informar y comunicar, donde su desarrollo es dependiente de la fuente informativa que cubren o de la posición que tienen dentro de la composición del medio.

“Estos proyectos independientes que están fuera de la industria mediática, de hecho están mostrándose como un cuestionamiento a los valores habituales del periodismo, están realizando periodismo de otra forma, no cubriendo las fuentes informativas oficiales o habituales, sino dando voz a otros actores que antes eran invisibles, yéndose, entre otras cosas, a llevar a cabo trabajo algunas veces antropológico a comunidades que son destrozadas, perjudicadas por el narcotráfico, que son desplazadas por macroproyectos transnacionales —como las mineras—, o con los migrantes”, subrayó.

Algunos artículos investigadores escritos por Salvador de León Vázquez sobre este tema fueron publicados en las revistas Comunicación y Sociedad, o puede consultarse su libro La creación del acontecer. Examen de las prácticas periodísticas.

Además de ofrecer voz a aquellas minorías ausentes en los medios habituales, en la parte financiera estos proyectos emergentes además muestran modelos noticiosos, ya que al tener mayormente una línea editorial crítica, no reciben elementos del presupuesto para propaganda oficial en los instrumentos sociales para informar y comunicar, además, a los anunciantes tampoco les atraen estos medios independientes, que por lo regular son digitales.

Por esto, se apoyan en varias utilidades que da la civilización de la web, como fondeadoras, por medio de estas solicitan el acompañamiento de leyentes y individuos para que les otorguen elementos que permitan financiar su ejercicio periodístico, o bien se inscriben a concursos de instancias de todo el mundo como el Banco Mundial, el Fondo Capital En todo el mundo (FMI) o la Organización de las ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés), que tienen programas para beneficiar el fortalecimiento de las democracias.

“En oportunidades, este bloque de medios que está emergiendo, se conocen entre ellos, aunque están colocados en diferentes partes del país, y son solidarios, se se asocian, se distribuyen información y hacen varias cosas juntos. Es un bloque que se viene a agregar a ese otro espectro de medios habituales, que de por sí ya era complejo”, llegó a la conclusión el además integrante nivel I del Sistema Nacional de Estudiosos (SNI).

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